martes, 15 de marzo de 2011

Alimento luminoso

El sol emite luz; el plancton, las plantas, multitud de microorganismos, se alimentan directamente de esa energía luminosa. Tan solo necesitan agua para crecer y reproducirse. Agua para almacenar o transmitir esa energía solar de unas partes a otras de su organismo; algo muy simple a primera vista.
¿Sería posible sintetizar algo similar a la clorofila y que resultase directamente nutritivo a la especie humana? Podría obtenerse directamente de la luz como hacen las plantas, pero sin necesidad de tener que comernos las lechugas, o cosa similar.


Hoy día ya existen suplementos alimenticios a base de clorofilina, pero tiene algunos efectos secundarios poco agradables.
Y seguramente nos volveríamos verdes y floridos si lo consumiéramos en grandes cantidades y durante mucho tiempo. La solución estará cerca pero será de otro tipo.

La luz como alimento, ¿es algo aprovechable por criaturas más evolucionadas?. Un enigma.
¿Puede existir algo en el organismo humano que se alimente de luz? Y no me refiero a la piel. Algo interior, un órgano, especialmente sensible a las variaciones luminosas. Y que no sean los ojos.

En el centro del pecho tenemos una glándula, el Timo, cuyas funciones no son bien conocidas incluso hoy día. Se sabe que su funcionamiento está relacionado con el sistema inmunológico del cuerpo humano y la regeneración celular; pero está protegido por el esternón, una pared de duro hueso. ¿Cómo podría influirle la cantidad de luz solar? Os pregunto, amables lectores, por si vosotros sabéis algo más que yo.