martes, 5 de abril de 2011

Camino de las luciernagas

Camino de las luciérnagas es un libro de cuentos que he escrito y ya está publicado en España por parte de la Editorial Chiado, en su colección Viajes en la Ficción, http://www.chiadoeditorial.es/index.php?option=com_content&view=article&id=424:camino-de-las-luciernagas&catid=89:coleccaolivros&Itemid=231
Es un conjunto de cuentos sobre unos peregrinos haciendo el Camino de Santiago, que se encuentran en situaciones insólitas y con problemas de gran calado personal, espiritual.  Cuentos fantásticos cuya realidad cada uno sabrá encontrar. Y un misterio. El misterio personal. El misterio de la humanidad.

Cuentos de vidas
Sueños de almas
Los viejos caminos
Las nuevas esperanzas
Caminando a trompicones
Somos las luciérnagas
Y lo hacemos por Tu Luz

 De Hamerdam al fin del mundo dando pedaladas; el viento y
la lluvia iluminan su rostro salpicado de barro, y el frío mengua las
fuerzas, ya escasas, de sus delgadas piernas. Buscando con la mirada
un pueblo cercano para descansar un rato no puede evitar un
surco en el camino e irse al suelo dándose una costalada. Magullado,
embarrado, los dedos doloridos y raspados contra las piedras,
y hay que meter la cadena de la bici, así que más grasa y más tierra;
pobres manos, menos mal que en una de las alforjas tuvo la precaución
de guardar un rollo de papel higiénico para salvar situaciones
inesperadas.
La pena es el golpe en la rodilla derecha pues al intentar dar de
nuevo pedaladas le produce unos pinchazos tremendos. Consultando
de un vistazo el plano-guía del trayecto se da cuenta de que
le quedan apenas un par de kilómetros para llegar al siguiente pueblo.
Terreno llano y al final una bajada pronunciada para llegar a
un lugar donde habrá albergue o posada. Tendrá que parar pronto
pues en estas condiciones no se puede continuar y la lluvia, esta
mañana bastante fina, parece ir a más. Los pequeños altibajos del
camino se le hacen puertos de montaña, y el dolor de la rodilla le
produce una agonía cada vez más intensa; al fin divisa la cuesta
que le lleva al centro del pueblo, pero bajando le fallan los frenos y
se da un nuevo trompazo.
A un albergue de peregrinos de un pueblecito del Camino llegó
una tarde un peregrino sangrando, con una bicicleta en las manos,
casi al anochecer. Entró cojeando y sangrando por la rodilla derecha
y la frente; pidió ser acogido como fuera pues no podía continuar
de ninguna manera.
Una vez instalado y hecho la limpieza de su persona y pertenencias,
revisó una y otra vez la bici hasta decidir que había quedado
inservible tras el accidente, ¿dónde podría repararla? curó su
rodilla y otros golpes lo mejor que pudo, y en rincón encontró un
montón de ropa abandonada donde se surtió de ropa limpia y seca.
Después, se dirigió a un restaurante cercano para comer algo con
que reponer su maltrecho organismo. Con tan desgraciada suerte
que al irse a sentar se le escapó un pedo que salió directo al señor
de la mesa de atrás.
– ¡Maldición!
– ¡Perdón!
– ¡Podría tener más cuidado! ¡Vaya olor!
– Lo siento mucho; no ha sido mi intención. ¿Me disculpa
usted? Mire, me sentaré en dirección contraria por si vuelve a
ocurrir. ¿Es usted español o hispanoamericano? ¿Está haciendo el
Camino? Yo soy holandés.
– Bueno, no importa. Observo que cojea, ¿Tiene ampollas en
los pies? ¿Y la herida de la frente?
– No, ha sido una caída con la bicicleta, ya cerca del pueblo.
Caí sobre la rodilla y casi no puedo caminar.
– ¿Y cómo se llama usted?
– Mi nombre es Dirk, ¿y el suyo?
– El mío es Marcial; y que le aproveche la cena.
La llegada del camarero para tomarles nota dio la conversación
por concluida y que cada uno se encerrase en sus propios pen-
samientos. Pero la entrada en el local de una pareja joven, con sus
ropas deportivas y ajustadas, especialmente en el caso femenino, y
una fragancia a flores y frutos mediterráneos que descendió sobre
las mesas, procedente de la estupenda melena de la hermosa joven
hizo que una mirada pícara y cómplice uniera de nuevo, en animosa
charla, a los dos comensales.
– ¿De qué país le parece que son estos dos?
– Supongo que nórdicos por su aspecto y el habla que no entiendo.
Ambos son jóvenes y parecen enamorados. Abstraídos por
completo de su entorno y de la impresión que causan.
– Yo no creo que haya amor sino que la chica le ha absorbido
por completo. Y enseñándole el ombligo, con esa camiseta que lleva
se asegura que él no mire ni por donde pisa ni tenga ojos para otra
hembra.
– Hoy día la juventud está acostumbrada a eso y más; es la
mirada de la muchacha lo que encandila a cualquiera, no sus ojos.
Desprenden arrobamiento; o tal vez es muy miope la muchacha y
se ha olvidado de ponerse las lentillas.
– Mire, yo ya he cumplido los cuarenta y le digo que es con el
tono seductor que ella utiliza, con lo que le ha dado caza. Llevo más
de veinte años viajando por todo el mundo y en todas partes es
igual.
– Pues yo tengo más de sesenta y me parece hay que mucho
más que deseo entre ambos. Es más, yo diría que ha surgido entre
ambos el amor verdadero. Están unidos de una manera muy especial,
difícil de percibir, y él solo tiene ojos para ella.
– ¿Le importa que tomemos el café en su mesa y seguimos
charlando? Antes de esperar respuesta el holandés ya se está acomodando
en la silla contigua y pidiendo además un chupito de
aguardiente.
– Yo insisto en que no es más que un ligue veraniego y durará
lo que ella quiera que dure.
– El Camino es muy largo y pueden pasar muchas cosas y casi
todas predecibles.
– Me parece que es usted una persona del tipo piensa mal y
acertarás.
– Me gusta pensar mal de las personas y las situaciones; y casi
siempre acierto.
– Pues debería tratar de evitarlo. Piense en un sencillo árbol;
las malas ideas se asemejan a las arañas que tejen sus redes entre
las ramas y si no se limpian crecen sin cesar. El viento las lleva de
un lugar a otro. Las buenas podrían ser como los pajarillos que
vienen a posarse e incluso anidar. Despeje su mente de malas idea
y ya verá cómo alguna buena le viene de repente y lo agradecerá.
– Pero usted mire al chico: ¿le parece que Orfeo bajaría a los
infiernos por esa rubia?
– Ese chico no sé pero yo, con cuarenta años menos, bajaría
recitando todas las arias. Desprende un olor prodigioso. Tiene algo
especial.
– ¿Le gusta la Ópera?
– Me lanzo a cantar siempre que puedo y tengo afición desde
chaval. Lo malo sería bajar por las cuevas hasta la Laguna Estigia;
tengo serios problemas de espalda y la mochila aunque mínima me
está matando. ¿Otro chupito?
– Veo que usted toma cerveza; ustedes son más de tomar vino
con las comidas.
– ¿Y que se toman los holandeses?
– Mucha más cerveza todavía. ¿Cómo se le ocurrió ponerse a
hacer el Camino a sus años?
– Veo a los peregrinos pasar todos los días por delante de mi
casa desde hace muchos años, y al fin un día me animé a imitarlos.
Sobre todo por los monumentos, conocer gente joven, y ver cerner
la mies.
– ¿Y eso qué significa?
– Que necesitaba salir de casa y caminar por los campos, entre
viñedos y trigales, viendo cuervos y urracas, refrescando mi visión
del mundo antes de que los ojos me fallen. Y el olor de los campos
de mi niñez que vuelve a mí en oleadas. Estos jóvenes de al lado,
con su belleza y juventud son para mí un regalo auténtico.
– Pues yo ya he visto tantos chicos como esos que preferiría
mirar cualquier otra cosa. Encuentro a la gente más interesante
cuando están en mi edad: cambiando de joven a maduro y con tantas
experiencias ambiguas entremezclándose.
– ¿Como por ejemplo?
– Me dieron los papeles del divorcio antes de comenzar el
Camino. Hace dos meses que camino sin parar y aún prefiero no
hablar de ello.
– No se preocupe, ya hablará de ello cuando esté dispuesto.
– ¿Cómo sabes eso de que están unidos espiritualmente? Solo
son dos jóvenes de aventuras por España.
– Mira más allá de las apariencias. Están juntos pero no se
acuestan en la misma cama; aún así él la sigue a todas partes como
si fuera un perrillo faldero. Pero esto va a ser de las que se toman
muy en serio el tema.
– Eso es algo raro, los nórdicos no se andan con tapujos y el
muchacho puede tener todas las chicas que desee. Será verdad que
está enamorado.
– La chica desprende un aura especial y apenas verla te das
cuenta que tiene una energía muy poderosa, mucho genio, duende,
como decimos por estas tierras.
– Lo que tiene es un tipazo tremendo. Debe hacer mucho deporte,
natación o montañismo. Resulta muy atractiva, con su largo
pelo rubio, pero que sea célibe no me lo creo ni borracho. ¿Otro
chupito?


 Extracto del cuento El holandés errado incluído en Camino de las luciérnagas.

Confío que os guste.
En este enlace podréis ir siguiendo el recorrido del libro y sus acaeceres: http://caminodelasluciernagas.blogspot.com/