jueves, 10 de diciembre de 2015

Viaje por el norte de España: 1º parte, Bilbao y Santander.

Aprovechando unos días de vacaciones he estado viajando por el norte de España, estas son unas fotos de muestra, y en unas entradas sucesivas de blog os pondré al corriente de mis correrías norteñas. Aproveché los largos viajes en tren de una ciudad a otra para escribir algo, unos nuevos cuentos, y también para leer una estupenda novela: La Operación Fantasma de la escritora española Mónica Manzanares, y. bueno, os cuento, el primero y largo viaje fue desde León hasta Bilbao donde llegué ya de noche.

Bilbao, me encanta perderme en su laberinto vasco y potear por las siete calles hasta topar con la ría, ¡la gabarra! Que la saquen  para llevarme a la mar.
No conseguí verla. El Casco Viejo estaba decorado con luces led pues se acerca la Navidad y como la temperatura era muy agradable, unos 17 grados Celsius, daba gusta caminar por sus calles.

Callejear por El Bocho y llegarse hasta la Catedral de Santiago para mí es todo uno, siempre cae algún chato en alguno de sus muchos bares y había un buen ambiente para ser un miércoles. Poca gente pero bien avenida. El teléfono se queda sin batería antes de que pueda enviar siquiera una foto, ole con ole con esta tecnología, pero en el primer bar que entro me ponen un rioja de categoría por 1.60 euros. ¡Yupi!

Después de dar más vueltas que un tiovivo doy con la Plaza Nueva y el gran restaurante de Víctor Montes, estaba lleno hasta la puerta.
Pero se hacía tarde y había que buscar un buen sitio para cenar antes de que cerraran todos los establecimientos. A seguir callejeando.
¿Kokotxak Salmorejo Saltsarekin? Podría ser.
Y mas rioja.
Y a la cama que al día siguiente comenzaba el auténtico recorrido norteño.
Los años de plomo nos dejaron una ciudad de casas blindadas con contraseñas alfanuméricas para entrar y salir de las casas.

Un largo y bonito viaje en el tren de ancho métrico, antes llamado FEVE, me llevó desde Bilbao hasta Santander. El día era, como decirlo: otoñal, dieciocho grados a la sombra, y gente paseando en mangas de camisa por la ciudad en pleno diciembre.

Sol en Santander, casi día de playa pues ando en mangas de camisa por el puerto admirando la bahía plácida. Se sigue hablando de la crisis, de los pobres, pero el sol calienta y calla.

Me encanta Santander y en días así no puedo evitar pasear y pasear admirando la bahía, tentado estuve de tomar la barca de Los Dos Hermanos y pasar hasta Somo y darme un chapuzón en su increíble playa; pero me había dejado el bañador en casa. La próxima vez que no se me olvide.

Santander sin duda está cercano al Paraíso. ¡Qué calma y sobriedad! Que buena gente, es puro gozo pasear al borde del mar y chatear por mesones y tabernas. Tengo que volver con Aurora.

En fín, chatear en el Mercado del Este y lugares aledaños y terminar comiendo en el Mesón Rampalay es algo que mis piernas ya conocen de otros viajes y no necesito ni pensarlo, ¡me llevan solas!

Para bajar la comida ¡qué mejor que un paseo por los jardines de Pereda! El novedoso Centro Botín está aún sin terminar pero ya ofrece un aspecto espectacular.

Como estos días son tan cortos pronto se enciende la iluminación navideña que le da un encanto muy especial a una ciudad tan bonita como Santander, así que anduve callejeando y terminé cenando en el Mesón Los Arcos, uno de mis preferidos de la zona centro.
Buenos recuerdos de cada visita a esta ciudad tengo acumulados, confío que no sea la última y pueda regresar el verano próximo. Animaros a conocer Santander, no os defraudará de seguro.