miércoles, 16 de diciembre de 2015

Viaje por el norte de España, 3º parte: Ferrol

Continúo rememorando mi último viaje por el norte de España gracias a algunas fotos que me sirven de apoyo, caminar callejeando al albur de los cuentos que a mi mismo me relato, y el tren.
La mirada del viajero veloz como la vida sobre los viejos campos y los cielos inmensos.
De Oviedo marché hasta Ferrol.

Salimos de noche en el tren de ancho métrico y cuando comienza a levantarse la niebla y nos alcanza la alborada ya estamos bordeando la costa más allá de Cudillero.

Luarca, Navia, La Caridad, lugares por los que pasé caminando el año pasado recorriendo el Camino de Santiago por el Norte de España, discurren a nuestro lado; las paradas son breves y apenas puedo disparar alguna foto por la ventanilla del tren.

Tapia de Casariego queda muy lejana y el tren se dirige hacia Vegadeo; peregrinos, ¡en estas fechas! suben y bajan del tren para saltarse algunos kilómetros de andadero. La ría del Eo se muestra espléndida en un día luminoso como pocos.

Desde Vegadeo el tren entra en tierras gallegas y pasamos a recorrer La Marina Lucense. Ribadeo, Rinlo, Foz, Burela, Viveiro, Espasante, Ortigueira, y a partir de Porteiro el tren se va tierra adentro hacia nuestro destino del día.

Desde el año 2003 no volvía por Ferrol y me ha gustado los cambios que han realizado. La ciudad está muy bonita.

Llegar a Ferrol y mis piernas se encaminan rápidamente hacia el puerto, el Museo de Anclas y la Biblioteca Naval, la plaza de Eduardo Pondal, la vista de los barcos de guerra de la Marina Española, no se necesitan más explicaciones.
Se come estupendamente en cualquier mesón de la Calle María y no tendrá problemas en encontrar alguno a su gusto. De aquí parte un ramal del Camino Inglés a Santiago de Compostela que cada año más y más peregrinos se animan a recorrer a pie. Tal vez algún año venga a patearlo.

Por la noche recomiendo bajar hasta el Paseo da Mariña y parar a la vuelta en algún lugar extraordinario de la calle San Francisco.

Era sábado, la temperatura no bajaba de los 16 grados centígrados y la calle Real o la de María estaban rebosantes de gente yendo de un sitio a otro y cenando en los estupendos restaurantes de la zona.
Después de tan largo viaje en tren mereció la pena parar en Ferrol y volver a pasear por sus calles. Muy recomendable, agradable la ciudad y encantadores sus habitantes.